Chantal

Sólo para dar una idea: era una noche de dos Pinheiro Machados.  Estaban Ivan y José Antonio.  Había tres escalones alrededor del bar, Paulão y Frank tuvieron que hacer sus pedidos por encima de varias cabezas, la bebida fue de mano en mano hasta ellos, como maní en gradería llena.

– ¿Será que ella viene? -preguntó Paulão, nervioso.

– Calma, viene. – dice Frank.

Frank mencionó, un día, a una conocida de él llamada Chantal que…

– ¿Qué? – dijo Paulão.

– Chantal.  ¿Por qué?

Paulo se enamoró del nombre.  ¡Chantal!  ¿Qué nombre era aquél?

– Ella es francesa.

– Chantal…  ¿Cómo es ella?

– Bien, es…

– No me cuentes.

Durante semanas Paulão se quedó con ese nombre en la cabeza.  Chantal.  ¡Qué belleza!  ¿Qué persona correspondería a aquél nombre?  Francesa, eso sabía.  Sus veintidos, veintitres años.  ¿Pelo?  Castaño.  No, negro.  Largo.  Deslizando por los lados del rostro.  ¿Alta?  No mucho.  Usaba zapatos bajos.  No se maquillaba.  Sus ojos eran grandes y oscuros y misteriosos pero se ablandaban cuando ella sonreía, y sonreía mucho.  Hablaba portugués con acento.  Tienen una palabra que usan mucho en francés, “superbe”, y ella la usaba pensando que también se decía en portugués.  “Pienso que eres superbe, Paulón”.  Ella no lograba pronunciar el “ão”, lo llamaba de “Paulón”.  Y él no se cansaba de decir el nombre de ella.  “Chantal, Chantal, Chantal”, los dos caminando de la mano, y ella riendo, y diciendo “Eres un loco, ¿eh?” y frunciendo la nariz, y él “Chantal, Chantal, Chantal”.

Un día no se aguantó y le pidió a Frank.  Necesitaba conocer a esa mujer.  Temió que Frank dijese “Perfecto, pero no sé si al marido le va a gustar”, mas Frank sólo dijo perfecto, los amigos son para eso.  Y, dos días después: “Mira, marqué un encuentro en el Bogart, viernes”.  Y allí estaban ellos.  Y de repente Paulão vio a Frank hacer esa cara de quien ha visto a alguien conocido, y levantar el brazo, y decir “¡Chantal, aquí!”, y no volvió la vista.  Salió de espaldas, tropezando.  Frank espantado dice:

– ¿Para donde vas?  ¡Ella llegó!

– No.  Mira.  Quedemos para otra ocasión, ¿oquei?  ¡Chao, chao!

Estaba muy enamorado.  Estaba tan enamorado que no quería arriesgarse a conecer a su pasión.  Salió del Bogart sin mirar para los lados.

Comédias da vida privada

Luis Fernando Veríssimo

Fragmento, capítulo “Noches de Bogart”.

Traducción libre no autorizada hecha por mí.

There are no comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: