Políticamente correcto

Esta mañana, cuando veía las noticias mientras desayunaba, en la sección que muestra los titulares de distintos periódicos del mundo pude observar que en uno de los titulares de un periódico venezolano se podía leer algo sobre los “rehenes” colombianos.

Se me ocurrió notar que esa palabra, rehén, nunca es utilizada por los medios locales. Esto, a pesar de que según el caso, es algo más apropiada que los sinónimos que se utilizan:

rehén.

(Del ár. hisp. rihán, pl. de ráhn, y este del ár. rihān).

1. m. Persona retenida por alguien como garantía para obligar a un tercero a cumplir determinadas condiciones.

2. m. Cosa que se ponía por fianza o seguro; p. ej., una plaza, un castillo, etc.

 

Se me vino inmediatamente a la cabeza un fragmento del libro Patas Arriba – La escuela del mundo al revés (ISBN: 84-323-0974-5), del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Espero que lo disfruten.

El lenguaje, 3

En la época victoriana, no se podían mencionar los pantalones en presencia de una señorita. Hoy por hoy, no queda bien decir ciertas cosas en presencia de la opinión pública:el capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado;

el imperialismo se llama globalización;

las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo, que es como llamar niños a los enanos;

el oportunismo se llama pragmatismo;

la traición se llama realismo;

los pobres se llaman carentes, o carenciados, o personas de escasos recursos;

la expulsión de los niños pobres por el sistema educativo se conoce bajo el nombre de deserción escolar;

el derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral;

el lenguaje oficial reconoce los derechos de las mujeres, entre los derechos de las minorías, como si la mitad masculina de la humanidad fuera la mayoría;

en lugar de dictadura militar, se dice proceso;

las torturas se llaman apremios ilegales, o también presiones físicas y psicológicas;

cuando los ladrones son de buena familia, no son ladrones, sino cleptómanos;

el saqueo de los fondos públicos por los políticos corruptos responde al nombre de enriquecimiento ilícito;

se llaman accidentes los crímenes que cometen los automóviles;

para decir ciegos, se dice no videntes;

un negro es un hombre de color;

donde dice larga y penosa enfermedad, debe leerse cáncer o sida;

repentina dolencia significa infarto;

nunca se dice muerto, sino desaparición física;

tampoco son muertos los seres humanos aniquilados en las operaciones militares:
los muertos en batalla son bajas, y los civiles que se la ligan sin comerla ni beberla, son daños colaterales;

en 1995, cuando las explosiones nucleares de Francia en el Pacífico sur, el embajador francés en Nueva Zelanda declaró:
«No me gusta esa palabra bomba. No son bombas. Son artefactos que explotan»;

se llaman Convivir algunas de las bandas que asesinan gente en Colombia, a la sombra de la protección militar;

Dignidad era el nombre de unos de los campos de concentración de la dictadura chilena y Libertad la mayor cárcel de la dictadura uruguaya;

se llama Paz y Justicia el grupo paramilitar que, en 1997, acribilló por la espalda a cuarenta y cinco campesinos, casi todos mujeres y niños, mientras rezaban en una iglesia del pueblo de Acteal, en Chiapas.

Parece ser un ejemplo de lo que los medios llaman el lenguaje políticamente correcto.

3 comentarios

  1. Wow Duxtin! Un excelente post, en lo que a mi opinión respecta… Es que, definitivamente, el lenguaje puede ser un arma de doble filo (así como las leyes), aunque es triste pensar en que se intente, por medio del “lenguaje políticamente correcto”, desvirtuar dolencias y horrores sociales, políticos y culturales… Por esa razón “no se debe creer en todo lo que se ve, se lee o se escucha”. Un abrazote.

  2. De tus mejores entradas, eso por mecionar algunas, de igual manera algunas personas tratan a otras de manera despectiva pero elegante, lo cual es sinonimo de una disque educacion superior, para mi solo son gente subvalorando gente.

  3. Duxtin excelente me hace recordar un poema constumbrista que dice que:

    a los armarios le dicen bifé
    los pasillos los llaman hall
    y las papas machucadas son llamadas puré

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